“La importancia de un orientador en una institución educativa”


 

La Orientación Educativa es una práctica que desde sus orígenes se ha realizado como un medio para poner al hombre adecuado en el lugar indicado; sin embargo, la Orientación en la actualidad  ha tratado de dar un giro a la concepción que de ella se ha tenido.

Se atribuye a J.M. Brewer el concepto de que orientar es idéntico a educar.

“…la labor que debemos hacer en la escuela puede ser descrita como ayuda a los niños para comprender, organizar, extender y conseguir actividades cooperativas e individuales.”

La Orientación Educativa como disciplina busca resignificar el papel del orientador educativo, busca encontrar el sentido de su quehacer cotidiano para un mejor servicio a los destinatarios finales como los alumnos de una escuela y de su labor: los alumnos, quienes son partícipes y protagonistas del proceso orientador pero es importante conocer quiénes son, cuáles son sus problemas, cuáles sus potencialidades, sus motivaciones y cómo propiciar la reflexión, el análisis y la elaboración de un proyecto de vida integral y esto genera uno de los retos dentro de la práctica de la Orientación Educativa.

Es por lo anterior mencionado, que en este ensayo, se abordará la práctica de la Orientación Educativa y la motivación de logro como uno de los factores psicoeducativos que más influyen en el aprendizaje de los alumnos y en la labor del orientador; se cuestionará en qué medida el orientador educativo es consciente de su importancia en la práctica orientadora, y hasta qué punto se favorece su desarrollo dentro de la Orientación; para terminar con algunas propuestas sobre el tema.

La Práctica del Orientador Educativo en las instituciones de educación media y media superior con frecuencia los orientadores son profesionales que provienen de diversos campos disciplinarios como la pedagogía, psicología o sociología y un gran número de ellos cuentan con una formación que nada tiene que ver con el área educativa e incursionan en la Orientación por una inclinación personal a este quehacer, o por la opción  laboral que en un momento determinado se les presenta, por ello ser orientador enfrenta un reto personal y cognoscitivo para llegar a realizar este proceso.

En muchos casos los orientadores educativos ingresan a un campo desconocido, donde no han sido enseñados a orientar y tienden a enfrentar los retos de su práctica orientadora reproduciendo lo que a su vez otros orientadores realizan en la cotidianidad. No obstante, me pregunto: ¿qué tan ético será orientar a alguien sin tener claro el cómo, por qué y para qué?;

Por su parte, Sánchez y Valdés mencionan que el orientador es un profesional que está especialmente preparado para evaluar las habilidades de una persona, sus aspiraciones, preferencias y necesidades, así como los factores ambientales que influyen o son importantes para una decisión. Estos autores destacan que el orientador debe estar capacitado para describir y explicar los factores que intervienen en el desarrollo de una carrera; los factores que intervienen en la vocación de los alumnos y tener una formación sólida en psicología, pedagogía, educación y desarrollo humano. Por otra parte rescato un comentario del autor Hill donde la función orientadora indica como cualesquiera otras labores educacionales, da lugar a muchos interrogantes sobre sus presuposiciones, procesos y resultados. Formular estas preguntas y buscarles respuestas con la mayor honestidad, es esencial para el mejoramiento de la orientación.

Respecto a la práctica del orientador, Frida Díaz Barriga, menciona que la mayoría de los orientadores desempeña su función dependiendo del contexto en el cual trabajan; por lo cual un orientador puede inscribir alumnos, revisar en la entrada el uniforme, vigilar el descanso, concentrar calificaciones, sancionar alumnos, diseñar gráficas de aprovechamiento, realizar reuniones de análisis con profesores, convocar a padres para firmar boletas, dar terapia individual, organizar jornadas de rebosamiento en su institución, organizar ferias de Orientación Profesiográfica, campañas contra las adicciones o promover la elaboración de proyectos de vida con sus alumnos y ahí parto para dar a conocer lo que esta autora menciona y darnos cuenta de otra perspectiva de algunas funciones que el orientador lleva a cabo y las múltiples actividades cotidianas de su labor, el orientador difícilmente tiene tiempo de cuestionar su práctica y más aún de conceptualizarla; sin embargo, no se refiere a la simple búsqueda de definiciones en los libros, sino a la construcción, la reflexión y el análisis de las acciones que desempeña en su labor.

Por otro momento Thorne trata sobre la acción del cliente desde el punto de vista del aprendizaje, para él, ayudar significa modificar el proceso de orientación, debe centrarse en la persona más que en los problemas de la persona, tener un proceso de orientación es ayudar a la persona o al estudiante a tener una mejora en su yo interno y en la etapa educativa, es importante rescatar las etapas de la orientación, una de ellas es la fase de pre-ayuda, donde se deben rescatar las destrezas del orientador como: atención física, escuchar atentamente al cliente, tanto verbalmente en lo que dice y no verbal como los gestos y aspectos físicos, la orientación es un proceso neutral según Carkhuff donde tal proceso puede mejorar o empeorar, cuando el orientador es experto y empeorar cuando el orientador esta en un bajo nivel. Carkhuff Llama a un orientador profesional “funcional” cuando tiene las habilidades esenciales necesarias para ayuda efectiva y preparar a los alumnos a comprometerse con actividades significativas de la vida. Considero que la orientación y la educación son conceptos intercambiables ambas tienen la misión de guiar al niño en su proceso de vida. El orientador debería ser una persona experimentada con conocimientos y sentido común para poder ofrecer oportunidades de vivir, nuevas experiencias. Tomando como referencia el trabajo del orientador, hace una tipología compuesta por cuatro niveles sobre las diferentes prácticas que distinguen de manera particular la situación actual de la Orientación Educativa.

Estos niveles son de conciencia de los orientadores ante su labor, es decir, la conciencia con la que enfrentan los problemas en su práctica orientadora.

 

El Sentido Común es el primer nivel; en él la práctica orientadora es llevada a cabo por orientadores que han llegado al puesto de manera fortuita. La mayoría de los orientadores empiezan a trabajar sin más herramientas que las que el sentido común les ofrece. En algunas ocasiones se empieza a trabajar en este nivel, pero el orientador se encuentra con una serie de dificultades que no puede enfrentar con el sentido común y para las cuales necesita otro tipo de herramientas tanto teóricas, como técnicas. Es entonces cuando tiene la necesidad de pasar a otro nivel de trabajo.

En el segundo nivel se ubica la Técnica, en este nivel el orientador emplea elementos técnicos como tests, para tratar de encontrar respuesta a los cómos de su trabajo, de tal forma que se busca una gran cantidad de instrumentos en su afán de hallar la cientificidad de sus prácticas. En este caso se conceptualiza a la Orientación como un trabajo de análisis de las características de la personalidad, del temperamento, carácter y de las habilidades. El orientador fundamenta las acciones que llevan a cabo con los alumnos en un enfoque psicologista y biologista que considera constantes las características del ser humano, por lo cual cree conveniente analizar sus rasgos.

La Teoría es el tercer nivel de conciencia; en él, el orientador se detiene a reflexionar un momento en las diversas actividades que realiza diariamente y empieza a plantearse la necesidad de definir un marco teórico, de leer algunos libros sobre Orientación, de cuestionarse sobre su práctica, de escribir sus reflexiones, de compartirlas y difundirlas con otros orientadores. Cuando trata de sustentar su práctica o ubicar las acciones de Orientación que se está realizando, el orientador se ubica en este nivel.

La Conciencia Política es el cuarto nivel con el que se puede realizar la labor de orientación. En este nivel, el orientador es consciente de su posición, de su ubicación dentro de la escuela, dentro del sistema educativo, y manifiesta una actitud crítica ante las disposiciones oficiales cuestionando su pertinencia y viabilidad hacia la comunidad escolar en general y hacia los estudiantes en particular. Tener conciencia política es asumir una actitud hacia la vida y frente a la escuela, que permite a los maestros y a los alumnos reconocer que ambos son capaces de aprender y crecer al mismo tiempo. Ambos toman conciencia de que están inmersos en un sistema político que busca reproducir su ideología a través de la escuela, de tal modo que tal conocimiento les permita asumir posturas reflexivas que los alejen de ser sólo los instrumentos  para que otros logren sus metas. En este sentido, el orientador educativo con conciencia política, junto con sus alumnos, es el que posibilita una actuación tendiente a buscar una conciencia social.

Como ya se mencionó, al orientador le corresponde interactuar directamente con los alumnos; dentro de sus funciones es responsable de la adaptación de los alumnos a la escuela, de atender los problemas escolares de conducta, rendimiento académico, deserción escolar, apoyo a los estudiantes para que desarrollen un sentido analítico, critico y reflexivo, que les permita generar alternativas de solución a sus dificultades familiares y emocionales, así como propiciar la toma de decisiones exitosas, oportunas y adecuadas. En el plano de lo vocacional, el orientador educativo debe promover en sus alumnos la elaboración y ejecución de un proyecto de vida académico y profesional  que les apoye en el desarrollo de su personalidad, motivándolos hacia el logro de sus expectativas personales. la motivación es un concepto explicativo relacionado con el porqué del comportamiento. Las personas motivadas experimentan continuamente necesidades o deseos que les impulsan a actuar, es decir,  es una situación que induce a los individuos a realizar una meta determinada.

Hasta este momento me he referido a la motivación como un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta en las personas; no obstante, considero importante y necesario definir qué es la motivación de logro, para mejorar la comprensión del análisis. La motivación de logro es un tipo de motivación interna en las personas; uno de los autores que más ha estudiado este aspecto es McClellan, quien se refirió al concepto  de autorrealización llamándole motivación de logro; este autor lo definió como “un proceso de planteamiento y un esfuerzo hacia el progreso y la excelencia, tratando de realizar algo único en su género y manteniendo siempre una elección comparativa con lo ejecutado anteriormente, derivando satisfacción en realizar cosas siempre mejor”. Un aspecto muy importante de un fuerte motivo de logro que agrega el autor es que hace a su poseedor muy susceptible a buscar algo en forma intensa. La persona motivada hacia el logro aventaja a los demás en su desempeño para mejorar su ejecución en el trabajo, si se le reta a hacerlo. Estas personas se esfuerzan más o producen más y mejor, de tal forma que una persona con motivación de logro alta desea saber si sus esfuerzos la están acercando o no a la meta deseada. Respecto a la práctica de la Orientación, considero que para eficientar el papel motivador del orientador, es preciso que haya coherencia entre lo que dice y lo que hace. Para los especialistas en el área, el mejor profesor y el más motivador es aquel que predica con el ejemplo; así, si un orientador educativo no está lo suficientemente motivado por su labor, difícilmente podrá motivar a sus alumnos; y si partimos de que no hay una carrera en la que se formen previamente quienes habrán de desempeñar la función de orientar. Asimismo, la motivación de logro es un aspecto importante y necesario para la práctica de la Orientación Educativa, puesto que si no está presente en los alumnos, dificulta la labor del orientador, ya que son jóvenes quienes, por lo general, no tienen aspiraciones, son conformistas, pesimistas, se preocupan más por una calificación que por el aprendizaje en sí, no se esfuerzan por dar lo mejor de sí, no tienen intereses vocacionales, llegan a presentar problemas de bajo aprovechamiento, ausentismo y reprobación; por lo cual se podría afirmar que la motivación de logro es una característica que puede facilitar la labor del orientador.

 

 

 

Para concluir  este ensayo destaco que se analizó y reflexionó sobre la práctica de la orientación educativa y la importancia que esta debe tener en una institución. Se enfatizó el papel motivador del orientador hacia sus alumnos u orientado, y se consideró en lo personal tratar la motivación de logro como un aspecto importante y necesario en el proceso del orientador y en ocasiones se cuestionó en que medida el orientador es consciente de la influencia de este factor psicoeducativo en su labor y hasta qué punto pueda influenciar en la persona el orientador. Para terminar, considero que la propuesta para mejorar la práctica del orientador educativo y en consecuencia la motivación de logro en los alumnos se concreta en la formación del orientador y la investigación en el campo de la Orientación Educativa para la generación de nuevos conocimientos que posibiliten la comprensión de la práctica orientadora, para ir conformando un cuerpo teórico y práctico en el que se puedan basar los futuros orientadores y que les permita a su vez relacionar la teoría con sus experiencias, para la intervención oportuna en la solución de problemas concretos de los alumnos; el fortalecimiento de espacios de interacción entre orientadores (foros, coloquios, congresos, reuniones), para reflexionar sobre sus prácticas y problematizar los aspectos de la base y no solo los aspectos técnicos o llanos, como formatos, tests, etcétera. A su vez, el orientador debe abandonar esa actitud autoritaria y de vigilancia hacia el alumno; por el contrario, deberá asumirse como uno más de ellos, deberá ser capaz de instalarse en el espacio del alumno para poder realmente orientarlo y finalmente sensibilizarse y adquirir conciencia de que uno de sus principales retos es motivar a sus alumnos para que se descubran, para que sean libres, responsables, confiados,  positivos y constructivos en su vida; sin embargo, lo anterior sólo será posible si el orientador mismo está motivado e identificado en su labor orientadora.

 

REFERENCIAS:

CASTILLO A. SANTIAGO, Madrid, marzo de 1989, Orientación Educativa. Evaluacion de la eficacia del orientador. Edit. CINCEL,S.A.

Sánchez, E. y Valdés, C. (2003). Teoría y práctica de la Orientación en la escuela. Un enfoque psicológico. Editorial Manual Moderno. México.

McClelland, D. (1972). Estudio de la motivación humana. Editorial Diana. México.

Arévalo, F. (2001). «El orientador, eje articulador de los actores del proceso educativo». Revista Magisterio, 2ª Época,  Nº 2. México. Noviembre-Diciembre 2001.

Meneses, D. G. (1997). Orientación Educativa: discurso y sentido. México, Editorial Lucerna Diógenis. México

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